En esta nueva historia de nuestra serie sobre beneficiarios, conocerás a Darío de la Cruz, estudiante de Medicina en la Universidad de Antioquia, quien dejó su ciudad natal de Pasto, Nariño, para perseguir su sueño de convertirse en médico. Su trayectoria muestra lo que significa mantenerse comprometido cuando los recursos son limitados, encontrar fortaleza en los valores familiares y transformar la perseverancia en posibilidades.
¿Quién es Darío de la Cruz?
Soy estudiante de Medicina en la Universidad de Antioquia y soy originario de Pasto, Nariño. Vengo de una familia muy unida, en la que siempre nos apoyamos mutuamente. Ese respaldo ha sido fundamental para llegar hasta donde estoy hoy. Desde muy joven tuve el deseo de mejorar mi vida y la de mi familia. Esa motivación me llevó a dejar mi ciudad natal y llegar a Medellín en busca de nuevas oportunidades, aun sin conocer a nadie aquí. Me considero una persona recursiva y perseverante que siempre busca soluciones, incluso en los momentos más difíciles.
Mi familia está compuesta por mi mamá y mi hermano mayor. No crecimos con una figura paterna, pero mi madre fue y sigue siendo el pilar de nuestras vidas. A pesar de no haber terminado el bachillerato, siempre nos inculcó la importancia del estudio. Mi abuelo materno también creía firmemente en el poder transformador de la educación. Mi hermano mayor intentó estudiar en la universidad, pero las circunstancias no se lo permitieron y terminó trabajando como vendedor y comerciante. Finalmente, formó una familia y abandonó sus planes de estudiar.
¿Por qué decidiste cursar estudios universitarios?
Desde niños, mi mamá nos repetía que estudiar era la única manera de tener un futuro mejor. En mi familia no había muchos referentes universitarios, pero un primo que logró graduarse como diseñador gráfico y llegar a ser profesor me demostró que sí se podía. Al terminar el colegio, intenté por primera vez ingresar a Medicina, pero no fui admitido. Decidí entonces trabajar, algo que a mi mamá no le entusiasmaba, y fue esa búsqueda de oportunidades laborales lo que me llevó de Pasto a Medellín. Trabajé como mesero, profesor de matemáticas y en todo lo que encontraba, pero aun así mi mamá nunca dejó de insistirme en que lo intentara de nuevo. Me decía que el trabajo me daría para vivir, pero que el estudio me daría para progresar. Finalmente, decidí prepararme otra vez y, en mi segundo intento, logré ser admitido en el programa de Medicina de la Universidad de Antioquia. Ese fue uno de los días más felices de mi vida y un punto de inflexión en mi historia personal.
¿Cuál fue el mayor desafío que tuviste que superar para estar hoy en la universidad?
Sin duda, las dificultades económicas. Cuando terminé el colegio sentía la presión de trabajar para ayudar a mi familia, pero estudiar implica gastos adicionales, y combinar ambas cosas era casi imposible. Durante mis primeros semestres, estudiaba de día y trabajaba en las noches o los fines de semana. Hubo momentos en los que no sabía si podría pagar el arriendo o asegurar mi alimentación, y la incertidumbre era constante. Aun así, nunca me rendí. Si no hubiera sido admitido a Medicina, habría intentado en otros programas como Microbiología, porque para mí estudiar siempre ha sido un compromiso con mi futuro y con el ejemplo que quiero dejar a mi familia.
¿Cuál es tu logro más destacado hasta ahora en la universidad?
Mi mayor logro ha sido mantenerme firme. La resiliencia ha sido mi compañera constante. A pesar de los obstáculos económicos y personales, nunca abandoné mis estudios, ni siquiera durante la pandemia. Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta de que cada sacrificio valió la pena. Estoy más cerca de convertirme en médico, algo que hace algunos años parecía inalcanzable.
¿Cómo ha influido el apoyo de impactU en tu experiencia universitaria?
El apoyo de impactU Foundation ha significado un cambio profundo en mi vida. Antes vivía con la incertidumbre constante de cómo cubrir mis gastos básicos y con la preocupación de que, en cualquier momento, tendría que interrumpir mis estudios. Hoy me siento tranquilo, acompañado y con el respaldo de una comunidad que cree en mí. No se trata únicamente del apoyo económico, que ha sido fundamental, sino también del acompañamiento humano. Siento que tengo una familia aquí en Medellín, personas que me animan a seguir adelante y me recuerdan que mi esfuerzo vale la pena. Gracias a impactU puedo concentrarme plenamente en mis estudios y avanzar con seguridad hacia mis metas, sin el peso constante de la incertidumbre económica.
¿Cómo te ves en el futuro?
Me veo practicando medicina y seguramente realizando una especialización. Todavía no he definido en qué área, pero posiblemente podría ser en medicina interna.
Para concluir, cuéntanos sobre Pasto, Nariño. ¿Qué extrañas? ¿Qué deberíamos conocer?
Pasto es una ciudad pequeña, acogedora y con una gran riqueza cultural y natural. Es un lugar económico y tranquilo, con una oferta gastronómica muy variada que refleja la identidad del sur de Colombia. La gastronomía pastusa es una de sus mayores riquezas. Se puede disfrutar de muchas variedades de papa cultivadas en la zona, como la nevada, la amarilla, la chaucha y la pastusa, además de frutas deliciosas como la mora, la fresa y el chilacuan, una fruta amarilla que se come en almíbar con queso fresco. Entre los platos típicos más representativos están el frito pastuso, el cuy asado y la trucha cultivada en los ríos y lagunas de la región. También son tradicionales los hervidos, bebidas calientes preparadas con frutas y chapil que se comparten entre amigos y familiares, especialmente en las noches frías o durante celebraciones.
Pero Pasto no es solo gastronomía. Es también una ciudad con un patrimonio natural y cultural impresionante. Recomiendo visitar el Parque Chapal, un lugar tranquilo rodeado de naturaleza, ideal para descansar y disfrutar del aire puro. El Parque Natural Chimayoy ofrece senderos donde se pueden observar aves y una gran diversidad de flora andina. La Laguna de la Cocha es uno de los lugares más mágicos que conozco: un espejo de agua rodeado de montañas, donde se recorren canales en pequeñas embarcaciones de madera y se disfruta de la trucha recién preparada en los restaurantes junto al muelle.
A una hora y media de la ciudad se encuentra el Santuario de Las Lajas, en Ipiales, una joya arquitectónica construida sobre un cañón. Es uno de los templos más impresionantes de Colombia y un sitio de peregrinación que atrae a visitantes de todo el mundo. También está el volcán Galeras, visible desde la ciudad, que ofrece rutas de senderismo para quienes disfrutan del contacto con la naturaleza. Un poco más lejos se alza el volcán Cumbal, otro símbolo natural de la región que también puede visitarse.
Y, por supuesto, no se puede hablar de Pasto sin mencionar su mayor orgullo: el Carnaval de Negros y Blancos. Durante varios días, la ciudad se llena de música, color y alegría. Cada jornada tiene su propia temática, y todo culmina con un gran desfile de carrozas que refleja la creatividad de los artistas locales. Es una celebración que simboliza la convivencia entre culturas y que fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. El Museo del Carnaval, ubicado en la ciudad, permite conocer la historia, los procesos artísticos y las carrozas de ediciones pasadas.
Pasto es un lugar que combina naturaleza, arte, tradición y comunidad. Es una ciudad donde la gente vive con orgullo sus raíces y celebra la vida con gratitud. Cada regreso a Pasto es como volver al origen de mis sueños, a ese punto donde nacieron mis esperanzas y la fuerza que me impulsó a salir en busca de un mejor futuro.
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