En esta nueva entrega de nuestra serie para conocer a nuestros beneficiarios, te presentamos a María Camila, estudiante de Derecho en la Universidad de Antioquia, quien salió de Amalfi con un sueño que parecía incierto y hoy avanza con determinación. Su historia revela lo que significa abrirse camino cuando los recursos son limitados, encontrar apoyo en las personas correctas y transformar la incertidumbre en propósito.
¿Quién es María Camila?
Soy del municipio de Amalfi, Antioquia. Nací y crecí allí, en un entorno muy seguro y familiar. Me gradué del bachillerato en 2016. Siempre tuve el sueño de seguir estudiando después de terminar el colegio, aunque no tenía certeza de que pudiera lograrlo. Me considero una joven soñadora, persistente y muy cercana a mi familia. Disfruto mucho compartir con mis padres, mis hermanos y mis sobrinos. La amistad también es fundamental en mi vida. Mis amigos ocupan un lugar muy especial. En lo académico trato siempre de dar lo mejor de mí. Me gusta aprender, explorar cosas nuevas y leer. Antes de la universidad leía literatura; ahora leo principalmente libros relacionados con mis estudios. Actualmente estudio Derecho en la Universidad de Antioquia.
Vengo de una familia numerosa. Tengo cinco hermanos y tres sobrinos. Somos muy unidos y compartimos mucho tiempo juntos. Mis padres vivieron por muchos años en la zona rural de Amalfi, pero eventualmente se mudaron al casco urbano. Mi papá siempre ha trabajado en oficios que requieren esfuerzo físico. Hoy trabaja en un depósito de materiales de construcción, ayudando con la distribución de mercancía, aunque hace dos años tuvo un accidente laboral que ha afectado su capacidad física. Mi mamá trabajaba haciendo limpieza en casas, pero por razones de salud ya no puede trabajar. En este momento, mi papá es quien sostiene económicamente a la familia. Me encanta compartir con mis sobrinos. Siempre que voy a Amalfi trato de pasar tiempo con ellos. Uno de mis hermanos es carpintero, otro es mecánico de motos. Solo otro hermano y yo logramos graduarnos del colegio. Los demás empezaron a trabajar desde muy jóvenes y con el tiempo dejaron de interesarse por el estudio. Estudiar en la universidad se ha convertido en un ejemplo para mis sobrinos. Me gusta ser un referente para ellos. Tengo otra hermana que trabaja en un restaurante y otro hermano que también trabaja en mecánica de motos. En total somos cinco hermanos y yo soy la segunda más joven. Mi papá estudió hasta tercero de primaria. Mi mamá completó hasta quinto.
¿Por qué decidiste cursar estudios universitarios?
En el colegio tenía amigas que ya tenían muy claro que querían estudiar en la universidad. Aunque yo era buena estudiante, no veía un camino claro para lograrlo. Varias de mis amigas eran hijas de profesores del colegio y tenían más información y apoyo en casa. Incluso una de ellas tenía un hermano que ya estaba en la universidad. A través de esas amistades empecé a conocer cómo era el proceso de ingreso. Una amiga en particular fue clave. Como ella tenía clara su meta universitaria y estaba siguiendo el proceso de admisión, decidí unirme a su esfuerzo. Fue como seguir su iniciativa.
El colegio no ofrecía ningún tipo de motivación ni apoyo para ingresar a la universidad. Esa es una gran falencia de los colegios públicos fuera de las ciudades: no hay información, ni acompañamiento, ni orientación para que uno continúe estudiando más allá del bachillerato. Si no hubiera tenido esa red de amigas, probablemente no habría ni considerado seriamente la posibilidad de entrar a la universidad. La educación pública rural necesita urgentemente herramientas reales para que más jóvenes puedan soñar y planear un futuro diferente.
¿Cuál fue el mayor desafío que tuviste que superar para estar hoy en la universidad?
El reto más grande fue superar las limitaciones económicas. Aunque tenía muchas ganas de estudiar y mis papás apoyaban mi sueño, la realidad era que mi familia sobrevivía con el salario mínimo que ganaba mi papá. Llegar a la universidad implicó un esfuerzo enorme para planear cómo administrar ese presupuesto tan limitado. Tuve que pensar en alojamiento, alimentación, transporte y todo lo necesario para que mis estudios fueran viables. No podía darme el lujo de equivocarme o improvisar. Había que medir cada gasto, cada paso. No había margen para errores.
Si no hubiera logrado entrar a la universidad, probablemente estaría estancada como persona, trabajando en algún almacén o restaurante en Amalfi. Estudiar en la universidad y mudarme a una ciudad grande como Medellín ha sido una transformación muy grande para mí. Estás expuesta a un mundo completamente nuevo, con ideas, personas y oportunidades que no existen en un pueblo como el mío. Cambia la manera en que te ves a ti misma, te obliga a crecer, a adaptarte, a soñar más grande.
¿Cuál es tu logro más destacado hasta ahora en la universidad?
Diría que lo más importante ha sido la transformación personal que he vivido. La universidad, y la experiencia de vivir fuera de casa, me han hecho crecer mucho. Ha cambiado la forma en que pienso, la forma en que veo el mundo, la manera en que entiendo mi pasado. Ahora tengo una visión más crítica, más clara. Me he conocido a mí misma en profundidad. He aprendido a ser más independiente, más segura, más consciente de mi entorno.
Tener un norte claro y un propósito firme en mi vida es algo que antes no tenía. Ese proceso de crecimiento interno es tal vez lo que más orgullo me da. No solo estoy aprendiendo sobre leyes; estoy aprendiendo sobre quién soy y quién quiero ser. Eso no tiene precio. Esa madurez y esa claridad no se consiguen sin esfuerzo, sin vivir lejos de casa, sin asumir retos que te empujan fuera de tu zona de confort.
¿Cómo ha influido el apoyo de impactU en tu experiencia universitaria?
Mi experiencia como estudiante cambió radicalmente desde que soy beneficiaria de impactU. Ingresé a la fundación en un momento muy crítico de mi carrera, justo en los semestres donde empiezan las prácticas profesionales y uno comienza a aplicar todo lo aprendido. Estar en impactU significa seguridad, tranquilidad, salud y tiempo de calidad. Mi entorno cambió completamente. Ahora tengo más flexibilidad para movilizarme, para alimentarme mejor. Todo esto ha tenido un impacto directo en mi salud y bienestar.
Antes vivía en un estado constante de incertidumbre, que con el tiempo genera un malestar emocional profundo. Ahora puedo dormir mejor. Hoy me siento segura, tranquila, acompañada y con más herramientas para seguir adelante. Poder acceder a clases de inglés, por ejemplo, ha sido una gran oportunidad. Ahora siento que tengo las condiciones necesarias para concentrarme en lo académico y en mi crecimiento profesional. Estoy construyendo un futuro sin la angustia de cada fin de mes. Si antes sobrevivía con lo justo, ahora puedo respirar.
¿Cómo te ves en el futuro?
Me gustaría ejercer como abogada en derecho internacional de familia, especialmente en temas de adopción de menores. Sueño con hacer una especialización en derecho de familia. Quiero vivir con tranquilidad y estabilidad económica. Me encantaría trabajar de forma virtual, poder organizar mi tiempo y vida con más flexibilidad. Esa es una forma de trabajar que me permitiría ayudar a mi familia y estar cerca de ellos, sin dejar de crecer profesionalmente.
Después de graduarme, me gustaría volver a Amalfi por un tiempo. Aunque no tengo claro aún dónde me radicaré de forma permanente, siempre llevaré a mi pueblo en el corazón. Me emociona pensar en ser una profesional útil para los demás, y especialmente, para quienes vienen de contextos como el mío. Quiero que mis sobrinos vean que se puede. Que no importa de dónde vengas, puedes llegar lejos si encuentras el apoyo y si te esfuerzas cada día.
Para concluir, cuéntanos sobre Amalfi, Antioquia. ¿Qué extrañas? ¿Qué deberíamos conocer?
Amalfi es conocido como el pueblo donde nadie es forastero. La gente se distingue por su calidez. Es un lugar acogedor, con un clima frío que resulta muy agradable, sobre todo para quienes buscan un descanso del calor. Está rodeado de montañas, pero el centro del pueblo está en una zona plana, lo que facilita mucho moverse de un lado a otro. El diseño urbano es en cuadrícula, así que es muy fácil ubicarse. Hay muchos ríos donde la gente se puede bañar, y varias cascadas cercanas que son muy visitadas. Una de ellas, que tiene varios niveles, se llama Los Tequendamas. El café es el producto principal del municipio.
En cuanto a comida, recomiendo un restaurante que se llama Las Arepas. Su menú es delicioso. Todas las arepas son artesanales y asadas al carbón. Las sirven con hogao, queso, chorizo y otros ingredientes. Es uno de los lugares que más recomiendo para comer. Una particularidad de Amalfi es que mucha gente se moviliza en bicicleta. El hecho de que el pueblo sea plano ayuda mucho a fomentar su uso. En cuanto a actividades culturales, están las Fiestas de la Paz y el Progreso, que son las fiestas tradicionales del pueblo. En julio se celebra la Fiesta del Campesino. Ese día, los campesinos bajan al casco urbano y participan en concursos pensados especialmente para ellos, con premios relacionados con su vida rural. En agosto se realiza un concurso de cometas a orillas de un río cercano. Es una oportunidad para que las familias pasen el día cocinando platos típicos como el sancocho o la sopa de frijoles. También hay un concurso donde se premia a la familia que prepara la comida más rica. Amalfi es un lugar lleno de vida, de historia, de comunidad. Siempre será mi hogar.
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