¡Hola! Soy Marco

Fecha de publicación: junio 14, 2025

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¿Hasta dónde puede llegar un joven cuando persigue sus sueños con pasión y perseverancia? La historia de Marco es un ejemplo inspirador de alguien que convirtió las oportunidades limitadas en un camino hacia el éxito. Su trayectoria, desde Magüí Payán hasta la Universidad Nacional de Colombia, nos muestra que con esfuerzo, disciplina y el apoyo adecuado, es posible alcanzar sueños y convertirse en un modelo a seguir para las generaciones futuras. Conoce la historia de Marco, una historia de transformación, esperanza y superación.

¿Quién es Marco?

Soy estudiante de Ingeniería Geológica en la Universidad Nacional de Colombia. Nací en la zona rural del municipio de Magüí Payán, en el departamento de Nariño. Debido a los desafíos de seguridad que enfrentábamos en el campo, mi familia se reubicó a la cabecera municipal. Mi hogar está conformado por mi mamá y mis dos hermanos menores. Mi madre ha sido siempre nuestra fuerza, nuestra guía, la persona que ha asumido los roles de madre y padre a la vez. Durante años trabajó cultivando la tierra, y actualmente es cuidadora en una guardería infantil en una zona rural. Aunque solo pudo cursar la educación primaria, su sacrificio ha abierto camino a nuevas oportunidades para sus hijos.

Hoy, soy motivo de orgullo para mi mamá y una inspiración para mis hermanos. Me consideran el hijo que nunca se rinde, que siempre busca salir adelante y abrir caminos también para su familia. Me defino como una persona luchadora, social, trabajadora, y siempre dispuesta a ayudar. Me motiva contribuir desde mi experiencia y conocimientos, y me esfuerzo por transformar mi entorno con una actitud positiva, sin rendirme ante los obstáculos. La responsabilidad, la disciplina y la resiliencia me definen.

¿Por qué decidiste cursar estudios universitarios?

Mi sueño de estudiar en la universidad nació cuando nos mudamos a la zona urbana. Allí conocí personas que marcaron mi vida, que creyeron en mí y me motivaron a soñar en grande. Una de ellas fue la profesora Nora Aguirre, quien siempre me brindó su apoyo incondicional. Ella vio en mí el potencial de alguien que quería superarse y me inspiró profundamente. El ejemplo de sus hijos, quienes habían logrado acceder a la universidad, me mostró que, aunque ese camino pareciera lejano, también podía ser posible para mí.

Para mí, la universidad no era solo un deseo personal, era una necesidad para cambiar el rumbo de mi vida y el de mi familia. Si no hubiera logrado ingresar, habría buscado cualquier oportunidad de empleo informal que me permitiera seguir estudiando, incluso a nivel tecnológico. Estaba decidido a hacer todo lo necesario para alcanzar ese objetivo, porque sabía que el futuro que soñaba solo sería posible a través de la educación.

¿Cuál fue el mayor desafío que tuviste que superar para estar hoy en la universidad?

El mayor desafío fue sin duda lograr ser admitido. Junto con mis compañeros, formamos un grupo de estudio para preparar las pruebas estandarizadas del final del bachillerato, sabiendo que nuestros resultados definirían nuestro destino. Cuando recibí mi puntaje inicial, fue un golpe duro: estaba por debajo de lo esperado y sentí que mi sueño se desvanecía. Fue un momento de profunda desmotivación. Ni mi familia ni la de mis compañeros podían costear una universidad privada.

Sin embargo, no me rendí. Decidí presentar el examen de admisión de la Universidad Nacional y, afortunadamente, mis resultados allí complementaron el puntaje anterior, permitiéndome acceder a un cupo. Ese fue un momento decisivo, el inicio de un nuevo capítulo. Gracias al Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA), pude iniciar mis estudios en la sede de Tumaco. Posteriormente, opté por continuar la carrera de Ingeniería Geológica en la sede de Medellín.

¿Cuál es tu logro más destacado hasta ahora en la universidad?

Uno de mis primeros logros fue obtener un muy buen desempeño académico en los dos primeros semestres en la sede de Tumaco. Ese esfuerzo fue reconocido con beneficios económicos que me ayudaron enormemente a seguir adelante. Fue un impulso vital y una validación de que estaba en el camino correcto.

Pero también me siento orgulloso de haber buscado una formación integral. No me he limitado a lo técnico; me he interesado en el liderazgo, la resolución de conflictos, la negociación, la toma de decisiones y el trabajo en equipo. Estos aprendizajes me han abierto puertas, me han permitido conectar con personas valiosas y construir una red que ha sido clave en mi proceso.

¿Cómo ha influido el apoyo de la fundación en tu experiencia universitaria?

El camino hacia la beca tuvo momentos de incertidumbre, pero gracias a la alianza entre la Fundación impactU y Smiles Education, logré recibir este apoyo que ha marcado una gran diferencia en mi vida.

La fundación ha sido mucho más que una ayuda económica: ha sido una fuente constante de acompañamiento, de motivación y de crecimiento personal. Gracias a ella he podido desarrollar habilidades humanas que complementan mi formación académica. Me ha enseñado el valor de construir redes, de relacionarme con otras personas que creen en mí y están dispuestas a apoyarme. Hoy entiendo que el éxito profesional no depende solo del conocimiento técnico, sino también del apoyo, la comunidad y la capacidad de inspirar y dejarse inspirar.

¿Cómo te ves en el futuro?

Quiero aplicar mis conocimientos en el sector de energías renovables o en la industria de hidrocarburos. También me interesa el área de estudios geotécnicos aplicados a la construcción de infraestructura. Me motiva seguir aprendiendo, y espero tener la oportunidad de realizar estudios de posgrado y ganar experiencia laboral en el extranjero, especialmente en países líderes en mi campo.

Pero, sobre todo, sueño con regresar y aportar al desarrollo de la región donde nací. Quiero que mi trayectoria inspire a otros jóvenes como yo a creer que sí es posible construir un futuro mejor.

Para concluir, cuéntanos sobre Magüí Payán, Nariño. ¿Qué extrañas? ¿Qué deberíamos conocer?

Lo que más extraño es el sabor de la comida casera, preparada con tanto cariño por mi mamá y mis tías. También echo de menos las comidas comunitarias, esos encuentros al aire libre donde la comunidad se reúne a compartir y celebrar la vida. Platos como el sancocho de gallina criolla, el sudado de pescado, el tapado o los encocados son una delicia que evocan hogar, tradición y unión.

En Magüí Payán también es común preparar carnes de animales silvestres como armadillos o conejos, considerados saludables por su alimentación natural. Los dulces a base de coco, chontaduro y frutas autóctonas son otro recuerdo que llevo conmigo.

Pero Magüí Payán es más que comida. Es cultura viva. Las fiestas patronales en honor a Jesús Nazareno son una explosión de fe y color, que atraen peregrinos incluso de otros países. La música y los bailes tradicionales como el currulao y el mapalé, con raíces africanas, son parte del alma de la región.

Y por supuesto, está la riqueza natural: ríos, cascadas, vegetación exuberante… un paraíso que aún espera mayores oportunidades de desarrollo, y al cual espero volver algún día para contribuir con lo que he aprendido..


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